domingo, 16 de mayo de 2010

Presentación

Mi nombre es Begoña, tengo 26 años y vivo en Sevilla.
Hace más o menos dos años empecé a investigar acerca de cómo poder usar productos comunes que usamos diariamente, como es el jabón para la ducha, el champú, el lavaplatos, fregasuelos, detergente para la ropa, etc. que sean más sanos para nosotres mismes y para el medio y todo lo que ello implica, que tampoco estuviera relacionado con laboratorios de experimentación en animales y hecho con productos naturales. Si a esto le sumamos que también es una preocupación para mi otros aspectos que no saltan tanto a la vista, como el despilfarro en el uso de envases, la contaminación de los transportes del lugar de las materias primas al lugar de fabricación, y de ahí a la tienda, tenemos que no es tan sencillo llamar a un producto "ecológico".

Algunes habrán oído acerca de los componentes químicos con los que se fabrican: parabenos (derivados del petróleo...en la piel!), colorantes artificiales (tóxicos!), fenoles y feniles, formaldehidos... Ahora es algo que empieza a preocupar y muchxs buscamos productos lo más naturales posibles.
Hay marcas que comercializan productos biodegradables, ecológicos y/o sanos. Muchas pertenecen a compañías capaces de venderle hielo a un esquimal, con campañas de publicidad agresivas, ocultando trucos sucios... Su pasión por volverse ecologistas no viene de una preocupación real en la que se sientan responsables de lo que le hacen al medio. Viene de que se está abriendo un hueco muy llamativo para las empresas en torno a todo lo que es (o más bien, se vende como) ecológico. No sólo son ellos quienes se engañan a la hora de vender algo como lo que no es, si no que también hay un sector de entre los consumidores deseosos de sentirse un poco menos crueles, sintiendo un efecto de lavado de conciencia al escoger un producto que en la etiqueta dice "biodegradable" o "participamos por un mundo mejor"... Mientras seguimos abocados a lo mismo, sólo que en un bonito color verde, en lugar del gris al que estabamos acostumbrados desde que entramos en la era industrial.

Siguiendo con el principio, otra de mis preocupaciones era poder usar productos libres de ingredientes extraídos de animales a quienes privaron de su libertad (a una vida libre y digna).
Muchos productos, sobre todo de cosmética, contienen grasas animales (aceite de visón, manteca de cerdo...), productos de su trabajo (cera de abejas, seda...) o partes de su cuerpo (cartílago, hormonas, esperma de ballena, colorante rojo "chinchilla"...).

Por lo tanto, y en conclusión, esas son mis metas: productos sin ingredientes artificiales, ni animales, extraídos en la medida de lo posible por mí misma (como las infusiones de hierbas, aloe vera...), sanos para la piel y para el medio.

¡Vuelta a los orígenes!

2 comentarios:

  1. Muy interesante y chulo el blog, gracias Begonia!

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  2. Hola Begoña, estoy totalmente de acuerdo contigo y con tu filosofia de vida, el amor por lo natural y los animales no humanos. Me encanta tu blog y lo que haces. Un abrazo desde el bosque. Silvia.

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