jueves, 27 de mayo de 2010

Lavaplatos con ceniza y arcilla

Esta es otra receta también ecológica que sirve como desengrasante.

En un recipiente (mejor si es cristal) mezclamos partes iguales de arcilla, ceniza de algún tronco quemado, y la infusión de alguna planta aromática que os guste. Quedará una mezcla a la que debemos añadir unas gotas de limón (como desinfectante) y si queremos algunas gotas de algún aceite esencial.

Yo lo he probado y funciona muy bien. Es extraño el color que coje la esponja eso sí, pero limpiar, limpia. Es otra opción para quienes no quieran usar sosa o no tengan aceite usado.


Nota: Al no haberlo usado por un tiempo prolongado, desconozco si podría causar problemas en las manos al contener lejía de potasa. Al menos por experiencia, no he notado nada extraño al contacto ni visíblemente. Cualquier experiencia que queráis aportar será bienvenida, así entre todos damos con la solución!

miércoles, 26 de mayo de 2010

Jabón en gel con aceite de girasol reciclado


Esta es bastante famosilla. A mi me encanta porque se puede reusar el aceite 
de freir, lleva poca sosa y puedes hacer varios litros de una tacada. Aparte que para limpiar los platos, la cocina (u otras cosas) es mucho más cómodo que deshacer pastillas de jabón. Es muy sencilla y no lleva apenas tiempo prepararlo.

Necesitas una botella o una garrafa (según la cantidad que quieras hacer).
Ingredientes:

  • 4 litros de agua destilada
  • 1/2 litro de aceite de girasol reciclado
  • 100 gramos de sosa
Lo primero es echar el agua en la garrafa (también en vez de agua puede ser una infusión de alguna planta, yo esto no lo he probado... pero se me ocurre que quizá haciendo un cocimiento con cáscaras de limón/naranja puede resultar mejor, pero nosé! en principio los ácidos impiden la saponificación, así que habrá que probarlo).
Después vierte la sosa con cuidado. Ahora y seguidamente mezclas para que se disuelva.
Mientras ve midiendo el aceite, la disolución de la garrafa no calienta mucho ya que no lleva apenas sosa en tanta agua. Ahora vierte el aceite y agítalo.

Se mantendrá mezclado por unos segundos, luego se separará, eso es normal. El proceso de saponificación va a ir muy lento. Ahora lo que falta es dejar la garrafa tranquilamente, y agitarla al menos 2 veces al día para que se vaya mezclando poco a poco. El resto del tiempo debes dejar la garrafa sin el tapón . El
segundo día es el momento de echarle 1 cucharada de sal. Dentro de unos 12-15 días, se verá una masa homogénea que no se volverá a separar en las dos fases, ya está el jabón hecho! Ahora se le puede echar (si quieres) alguna esencia desengrasante, como la de limón. Más o menos una cucharada pequeña por litro.

Es importante agitarlo cada día, para que no quede al final una masa que sólo podrás sacar rompiendo la garrafa. También debes hacerlo con girasol, pues el aceite de girasol da unos jabones más blandos, con el de oliva quedará una masa compacta.

Llevo usándolo varios meses para limpiar los platos y va estupendo. No voy a decir que con la eficacia de uno comercial (don't worry que no deja los platos sucios, es más bien la grasa que queda en el fregadero que hay que limpiar), pero desde luego infinítamente más ecológico, más barato y más sano es, así que sale a cuenta.
Es mejor no dejarlo al sol cuando ya esté hecho.
Esta receta para resulta demasiado fuerte, usar solo para fregar los platos, la ropa, el baño, la cocina y para el suelo.

martes, 25 de mayo de 2010

Enjuagues bucales

Esto puede servir tanto para enjuagarse después del cepillado como para sustituirlo por el dentífrico (lo que comenté antes, para compaginar con la arcilla).

Enjuague bucal de árbol de té y menta

• 1/3 litro de agua (como un vaso y medio)
• 6 gotas de aceite de árbol de té
• 6 gotas de aceite esencial de menta

Verter el agua y los aceites en un recipiente limpio y seco. No tragar. Mejor conservar en un lugar oscuro.



Enjuague bucal de hierbas

• 2 cucharadas de romero fresco, perejil, salvia o menta
• 2 clavos enteros
• ½ litro de agua

En una cazuela pequeña, poner el agua y las hierbas elegidas y llevar a ebullición. Reducir el fuego y hervir a fuego lento 15-20 minutos. Dejar enfriar. Enjuagar la boca con la mezcla pero no tragar.



Enjuague de romero y menta

- 1/2 litro de agua
- 1 cucharadita de hojas de menta frescas
- 1 cucharadita de hojas de romero frescas

El mismo procedimiento que el anterior.

El aceite esencial de árbol de té comprado en una tienda distribuidora de materias primas ronda los 7 euros por un bote de 50 mL (las esencias son caras sí, pero contando con que sólo se usan unas gotas, da para rato). También están en herboristerias, algo más caro y menos cantidad. Si pensáis que merece la pena y podéis permitíroslo, adelante. No podría decir si es lo mismo utilizar esencias o una infusión. En teoría, las esencias son eso mismo, la esencia de la planta, lo interesante de ellas y concentrado. Así que apunta a que son más efectivas.

Recetas sencillas para hacerte un dentífrico


Dentífrico de arcilla
Esta receta es la que llevo usando más o menos 1 año (también la estuve usando el año anterior pero a intervalos con el dentífrico comercial).
Puedes usar arcilla verde, blanca o ambas. La arcilla blanca es menos abrasiva que la verde. Si no tienes esas esencias (el árbol de té es bactericida por antonomasia) puedes usar cualquier otra, por lo general todas las esencias son antisépticas pero es preferible una más potente, o sea, bactericida, como son: menta, sándalo, pino, manzanilla, melisa… (alguna vez comenté usar aceite esencial de limón, me retracto pues no estoy tan segura de que sea bueno usar una esencia cítrica para los dientes). Esto es mejor no usarlo más de 3 veces por semana. Un complemento para usar el resto de las veces sería lavarse los dientes con un enjuague bucal. Es un concepto que nos choca, pero muchas veces sólo basta con limpiarse con agua y algún elemento bactericida y/o antiséptico.

• 1 cucharada grande de arcilla
• 1 cucharadita de bicarbonato
• 1 cucharadita de sal
• 2 gotas de esencia de clavo
• 2 gotas de esencia de árbol de té

La arcilla frena la proliferación de cuerpos parasitarios, microbios o bacterias patógenas, a la vez que favorece la reconstitución celulary es antiinflamatoria (bueno para las encías). El bicarbonato es blanqueante y también sirve para curar llagas, neutraliza los ácidos de la placa, previniendo así la gingivitis y las enfermedades de las encías. La sal es astringente, por lo que previene el sangrado de encías. El clavo es muy bueno para el dolor de muelas, por ejemplo, pero también es bactericida, antiséptico, antiviral... El árbol de té es el mejor bactericida, también es antiinflamatorio. Si lo que queréis es darle sabor y que se parezca al dentífrico común, en lugar de clavo le podéis poner menta.
Las esencias son importantes pues son muy efectivas y sólo con unas gotas es suficiente, también podrías suplirlas con clavo molido o alguna infusión. Para esto entonces deberías lavarte lo dientes con agua caliente y durante varios minutos para que surta efecto.

Te quedará un dentífrico en polvo, símplemente tendrías que humedecer el cepillo, untarlo con el polvo y cepillar normalmente. Se conserva mucho tiempo, pues ya ves, la arcilla es tierra y eso no se pone malo prácticamente nunca. Aunque por las esencias mejor conservarlo en un bote cerrado y reservado de la luz.




Otra receta sería...

Dentífrico a la canela
  • 4 cucharaditas de bicarbonato
  • Una cucharadita de canela
  • 4 gotas de aceite de árbol de té (o también como antes, 2 de clavo y 2 de árbol de té)
En un vaso o recipiente pequeño, mezclar el bicarbonato, la canela y el aceite de árbol de té.

Esta ya no la he probado. La canela se usa por su efecto bactericida
Al igual que con la anterior receta, tampoco es indicado usarla más de 3 veces por semana, pues el bicarbonato es abrasivo.

Acabo de consultar la wikipedia sobre la pasta de dientes y su historia... Echadle un ojo a lo que usaban antes para lavarse los dientes....: piedra pomez y ladrillos pulverizados! toma abrasión! http://es.wikipedia.org/wiki/Pasta_de_dientes

Ingredientes en la cosmética

Esto es información acerca de ingredientes comúnmente usados en la cosmética, sobre todo en cremas pero también en maquillaje, desmaquillantes, pasta de dientes, jabones, champú, etc.


I. La Cosmética y su Razón de Ser.

La piel, el órgano más importante
La piel, un intestino expuesto


II. La Química en la Cosmética

Los Componentes
¿Seguridad y control en los ingredientes?
Etiquetas graciosas

Trucos y trampas en la cosmética convencional


III. Los Ingredientes y como identificarlos

El “INCI” o cómo entender la lista
Sustancias nocivas y cómo distinguirlas sin saber de química

IV. ¿Cómo orientarnos al comprar?


I. La Cosmética y su Razón de Ser
La piel, el órgano más importante
En un centímetro cuadrado de piel se encuentran: 15 glándulas sebáceas, 1 metro de vasos sanguíneos, 100 glándulas sudoríficas, 3.000 células sensoriales, 4 metros de nervios, 300.000 células epiteliales y 10 pelos.

La piel es el órgano más grande que tenemos y al cubrir nuestro cuerpo, el más importante: Si la tapamos al 100% con una crema o pintura que no deja pasar el aire, en dos horas estamos muertos. Sin piel no podríamos existir.

La piel, un intestino expuesto
Su declive es el más visible, porque es la intermediaria entre el medioambiente y nuestro organismo:

De adentro hacia fuera, todo lo que sucede en nuestro interior se puede manifestar en la epidermis: nerviosismo, problemas metabólicos o intoxicaciones nos pueden causar granos, caspa, pus o manchas, incluso el agotamiento físico, el cansancio o el estrés se plasman en una piel que se vuelve pálida, seca o arrugada.

De afuera hacia dentro, por un lado están las influencias medioambientales que no podemos controlar (contaminación, clima), y por el otro aquellas que sí dependen de nosotros: el trato y el cuidado que le proporcionamos.

Si tenemos en cuenta que a través de ella las sustancias penetran en el cuerpo y llegan en 15 minutos a la sangre, donde influyen sobre el metabolismo, nos damos cuenta de que la piel es un órgano tan sensible o más que nuestro intestino, y es que así hay que considerarla, como un intestino que filtra los nutrientes, pero también los tóxicos y los transporta a la sangre.

Por ello es tan importante saber lo que nos ponemos, porque no sólo se quedará en la superficie, sino que influirá en todo nuestro organismo.
II. La Química en la Cosmética
Los Componentes
Para conseguir que una crema cuaje o cualquier mezcla entre distintas sustancias con fines cosméticos se mantenga, hacen falta los siguientes componentes:

emulgentes: para unir grasa y líquidos
antioxidantes: impiden el deterioro en contacto con el aire
gelificantes: dan textura y cremosidad
conservantes: impiden el deterioro temporal
bactericidas: desinfectan el medio para que no se formen hongos, etc.

¿Seguridad y control en los ingredientes?
Viendo esto, no hacen falta tantos componentes en las cremas, sin embargo, la lista de ingredientes en algunos productos se hace interminable y, a veces, una simple crema hidratante tiene más de 50 ingredientes.

La industria cosmética trata de maximizar más y más sus beneficios creando nuevas sustancias, cuyas materias primas deben costar, y cuestan, cada vez menos.

El problema es que, actualmente existen más de 6.000 componentes químicos que están permitidos, pero no controlados. Esto significa, que en los productos aparecen agentes químicos que nos pueden causar, no sólo alergias o eczemas sino, asma, problemas de pigmentación y hormonales, cáncer o incluso daños genéticos a futuros bebés.

No son pocos los dermatólogos sinceros, que ante la avalancha de cosméticos afirman: “hay que estar contento, si un producto no contiene ingredientes nocivos”.
Así también se explica, porqué entre las peluqueras hay más casos de muerte por cáncer, que en cualquier otro grupo laboral femenino – ellas inhalan directamente los componentes de tratamientos capilares, tintes o decolorantes.
Ya en el año 1969, causó polémica el veredicto de un juez en EEUU: una consumidora pidió indemnización a una fábrica de cosméticos por no cumplir las promesas publicitarias y causarle una fuerte alergia con eczema. El juez concluyó el pleito: “La industria cosmética vende imagen – es cosa del consumidor creérselo o no”.

Etiquetas graciosas
La publicidad ha creado un sinfín de expresiones y “tecnicismos” que suenan bien, pero carecen de cualquier valor científico: “péptidos superhidratantes”, “sistema de purificación celular”, incluso algunos ingredientes se han inventado únicamente por sonar bien o espectacularmente, como “muscle extract”.
Pero incluso el término “hipoalergénico”, tan popular en artículos de farmacia, no tiene más relevancia que las palabras “súper mega-guay”. Normalmente, se debería referir a productos sin perfume, ya que las fragancias sintéticas son las que estadísticamente más alergias pueden causar. Pero en ningún caso, es un término que comprometa al fabricante. Cada día surgen nuevas alergias y nuevas sustancias que las causan, a parte, la mayoría de alergias se manifiestan semanas después de haber utilizado el producto que las pudo provocar.

Trucos y trampas en la cosmética convencional
La pugna por maximizar el beneficio y minimizar la inversión, ha llevado a la creación de sustancias químicas, que no son beneficiosas para la piel y solamente engañan la vista durante un par de horas.

La mejor manera de cuidar la piel es aportándole nutrientes, para que por sí misma se pueda recuperar. Pero existen sustancias que no aportan nada, sino que tienen efectos meramente físicos, que en ocasiones pueden resultar dañinas para la epidermis:

1) Agentes químicos que hinchan la piel, haciendo desaparecer pequeñas arrugas – a largo plazo se expanden las células, el tejido decae, se vuelve flácido, la persona reacciona aplicándose más producto, porque tiene la impresión de que su piel no puede estar sin él.

2) Agentes que decoloran – sustancias agresivas como las compuestas por “ammonium” aclaran la piel, dándole una apariencia más jóven y fresca, cuando en realidad sólo se trata de un engaño óptico – una piel más oscura nos hace parecer mayores al acentuar las sombras. Pueden causar disfunciones en la pigmentación, pequeñas heridas y fotosensibilización aguda (la piel no soporta la luz solar).

3) Agentes que aparentan hidratación, como los aceites minerales – bloquean la barrera lipídica natural de la epidermis, resecándola y agrietándola, pero su textura oleosa y siempre brillante, sólo aparenta un efecto hidratante. A largo plazo pueden causar alergias en cadena, irritación crónica, acné, etc.

4) Agentes que se agregan para paliar los efectos nocivos de otros agentes – una estrategia que puede parecer realmente estúpida, pero que se observa a menudo y es la razón por la cual existen listas de ingredientes interminables en la etiqueta de un producto que debería ser de lo más simple.

Así, los fabricantes sin escrúpulos llegan a utilizar aditivos que irritan la piel (por ejemplo: emulgentes y suavizantes o gelificantes baratos con tacto agradable) y los mezclan con agentes que bloquean las funciones cutáneas, para que la piel no “se defienda” rebelándose y no se haga visible una alergia.

III. Los Ingredientes y Como Identificarlos
El “INCI” o cómo entender la lista
El “INCI” es la Nomenclatura internacional de ingredientes en la cosmética, regulada a principios de los años 80 por la FDA (Food and Drug Administration) y la CTFA (Cosmetic, Toiletry & Fragrance Association), que determinaron las reglas según las cuales los ingredientes han de figurar.

Son nombres en latín y enumerados según su cantidad en línea descendiente, es decir, la sustancia más cuantiosa se nombra en primer lugar y la que aparece en menor cantidad está como última.

El INCI obliga a la enumeración de TODOS los ingredientes, por lo que es el único dato con el que los fabricantes se comprometen.

Un texto bonito, alabando cuantiosos ingredientes naturales, carece de valor, si el INCI nos muestra un nombre vegetal en último lugar, precedido por una veintena de sustancias químicas.
Por ello, sólo podemos valorar la calidad de un producto, leyendo el INCI y entendiendo de sustancias beneficiosas y perjudiciales.

Sustancias nocivas y cómo distinguirlas sin saber de química
A continuación, mencionaremos los ingredientes más peligrosos que se deben evitar en un producto. Para recordarlos mejor, en muchos casos sólo hace falta memorizar una o dos sílabas, ya que todos los compuestos con estos elementos suelen ser peligrosos.

Aceites Minerales
Aunque no suenen peligrosos por hacernos pensar en minerales, no tienen nada que ver con sustancias nutrientes ni sales, sino que se trata de los muy baratos derivados del petróleo. A parte de ser económicos, para la indústria tienen la ventaja de una pureza que impide el crecimiento de bacterias y, además, mejoran la sensación de la crema mezclada sobre la piel por su textura fina y sedosa.
Pero son altamente cancerígenos, como casi todos los derivados del petróleo. A parte, tapan los poros, bloqueando la respiración de las células y extraen la humedad de la piel, sacándola a la superficie y dándole apariencia “hidratada”, pero al dejar de usar el producto, la piel está más reseca que antes y parece adicta a la sustancia. Están en casi todas las barras protectoras para labios y esa es la causa, por la que muchas veces nuestros labios se agrietan cada vez más si no seguimos usándola.

En el INCI figuran bajo las siguientes denominaciones: Mineral oil, Paraffinum, Paraffinum liquidum, Petrolatum, compuestos con las sílabas Paraffin-, Petroleum.

Pero también son derivados del petróleo las siliconas (Silicone quaternium, methylsilanol), y se esconden en nombres como cera microcristalina, ozokerit, ceresin, incluída la vaselina (¡!).

Colorantes
Conseguir un color permanente y perfecto es uno de los cometidos más difíciles en la química. No sólo sirven para darle un aspecto acaramelado a cremitas y geles de baño, sino que son el principal componente en maquillajes, tintes y decolorantes.

Los componentes con las sílabas anilin, anilid, como en ”acetanilid”, delatan un colorante altamente cancerígeno y tóxico.

Algunos agentes colorantes tienen una estructura molecular tan complicada, que se les han dado iniciales o nombres fáciles para simplificar su denominación. Tales son los de las iniciales HC como “HC orange 3”, o Acid como “acid Red 73”, Pigment como “pigment Green 7”, Solvent como “solvent black 3”. Todos ellos esconden sustancias altamente cancerígenas y/o tóxicas.

Sustancias halogenorgánicas
Causan alérgias, son sospechosas de causar cáncer, y suponen una grave contaminación del medioambiente por no ser biodegradables.

Se trata de combinaciones de chloro, bromo y yodo como “aluminium chlorohydrate”, “methyldibromo glutaronitrile”, “iodopropynyl” las peligrosas sílabas chloro, bromo, yodo no se deben confundir con chlorid, bromid, iodid, que suelen ser componentes inocuos de sales.

PEGs: polyethylenglycol
Típicos emulgentes que unen agua y grasa, o detergentes, en sí son totalmente inofensivos, pero hacen la piel más receptiva a sustancias, lo cual es bueno, si se trata de aditivos sanos, pero malo, si son venenosos. Los introducen como pasajeros negros en las células, cuyas paredes se vuelven más permeables.

En productos naturales controlados, no se permiten más de 5 PEGs por artículo, pero la cosmética convencional suele abusar de ellos.
A parte de aparecer como PEG seguidos de un número, se les reconoce por las letras eth al final: “steareth”, “ceteareth”, “sodium laureth sulfate”=principal ingrediente en jabones, geles y champúes.

Sodium lauryl sulfate
No confundir con sodium laureth sulfate. Es un detergente muy irritante que ha provocado problemas de pigmentación, así como comedones y pérdida de pelo en las partes expuestas en tests con animales. La “Cosmetic Ingredients Review” la ha calificado de aceptable en productos de uso poco frecuente y sólo en concentraciones inferiores al 1%. Sin embargo se puede encontrar en primeros puestos incluso en dentífricos (¡!).

Fragancias artificiales
Peligrosas, porque la mayoría de ellas contiene elementos que, una vez sobre la piel, influyen el equilibrio hormonal y son sospechosos de causar cáncer. En forma de perfume, desodorante o inhibidores del sudor llegan a la piel, donde el sudor descompone las materias que se acumulan en las células, hasta el punto de que en análisis de leche materna, se llegan a registrar altos contenidos de estas sustancias cancerígenas, tóxicas y sospechosas de generar daños genéticos.

Ejemplos: “acetyl hexametyl” causa daños nerviosos, “benzyl alcohol” insensibiliza la piel, y “bromocinnamal” es irritante. Como antitranspirantes frecuentemente se utilizan compuestos de aluminio como “aluminium chlorhydrate”, que pueden resultar muy irritantes y son sospechosos de causar Alzheimer.

Phenol y Phenyl
Fuertes desinfectantes en la medicina, se utilizan en cosmética como conservantes y colorantes. No son recomendables por ser un tóxico celular, que a largo plazo destruye las paredes celulares. Ejemplo de phenol: “nitrophenol”,”phenolphthalein”, “chlorophenol”. Ejemplo de sustancias con phenyl: “N-phenyl-P-Phenylenediamine”, Phenylenediamine Sulfate”.


Otras Sustancias
Liberadores de Formaldehyd: Formaldehyd es un potente antimicótico multiuso. Nos lo encontramos tanto en la fabricación de materiales de construcción en los que impide el moho, como de muebles, en los que se utiliza para evitar hongos en la madera prensada, etc. Es altamente cancerígeno por inhalación, se acumula en las células dañando las membranas, causa malformaciones en fetos, irrita y envejece la piel.

En principio, está prohibido en la cosmética, pero por su gran efectividad y economía, se han creado sustancias que no se consideran directamente formaldehydos, pero que lo liberan (¡!) como si fuera un polizón.

Por un lado se las puede reconocer por llevar las sílabas Urea, como Diazolidinyl Urea, Imidazolidinyl Urea, Polyoxymethylene Urea (no confundir con Urea “a secas”, que es un derivado del ácido úrico, bueno para la piel).

Por otro lado tenemos los conservantes químicos con las letras DM delante como DM y DMDM Hydantoin, o Dmhf.

Dimethyl Oxazolidine es otro conservante liberador de formaldehyd a evitar en los productos.

Phthal y Phthalate: Finalmente quedan estos compuestos, que se usan como suavizantes y/o disolventes. Son altamente tóxicos, influyen en el equilibrio hormonal y son sospechosos de causar cáncer. Ejemplo: “dibutylphthalate”.


Protección Solar
Otro problema en la cosmética, es la de encontrar sustancias que protegan de los rayos solares dañinos. Antiguamente, se utilizaban filtros minerales a base de óxido de Titanio o Zinc como Zincoxid o Titaniumdioxid. Pero por ser más caros, se han ido reemplazando por oxybenzone, benzophenone, Methoxydibenzoylmethane, o Dibenzoylmethane que son filtros cancerígenos que pueden causar alergias en cadena y aparecen incluso en las marcas más caras y “exclusivas”. Son aditivos que no sólo aparecen en productos solares, sino en todo tipo de cremas y en tratamientos con retinol. Si éstas contienen sustancias irritantes, la industria lo compensa agregando filtros solares, para impedir que la piel microscópicamente irritada reciba manchas del sol – ¡un procedimiento absurdo!


IV. ¿Cómo orientarnos al comprar? (*Nota de la célula: nosotros primeramente te invitamos a crear tus propios productos, Do It Yourself!)


Existen las siguientes normas para saber comprar cosmética y valorar la calidad de un producto:

1) Evitar artículos con una lista interminable de ingredientes. Un buen producto no necesita nunca más de 30 ingredientes. Únicamente, si en los primeros lugares figuran sustancias naturales, se puede excusar el uso de aditivos químicos como gelificantes o emulgentes, ya que a veces los agentes vegetales se mezclan con dificultad y no “cuajarían” sin ayuda artificial.

2) Por otro lado, no nos debemos fiar, si en un producto sólo aparecen aditivos naturales. Una crema blanca opaca, con determinada fragancia y textura y en cuya etiqueta figuren como ingredientes únicamente minerales y sales del mar muerto, sólo puede ser un engaño: ¿de dónde le viene el olor, qué grasas contiene y cuál es el emulsionante para conseguir esta textura?

3) Evitar productos que nos prometen “maravillas naturales”, pero que en la lista de ingredientes apenas tienen nombres vegetales (son aquellas denominaciones latinas que se pueden pronunciar bastante mejor que las químicas), o si los tienen, aparecen en décimo lugar o incluso más atrás.
El texto descriptivo en una etiqueta no compromete al fabricante, lo único que nos da información fiable es el INCI.

4) Evitar marcas en las que el sistema de distribución está inflado: las grandes empresas funcionan a base de dar lucrativos beneficios a representantes, distribuidores, subdistribuidores y revendedores - invierten en comisiones en vez de invertir en la calidad de un producto. Una crema que ha pasado por cuádruple facturación, antes de llegar a las manos del consumidor final, no puede ser buena si no es carísima.

5) Finalmente, una marca que aparece constantemente en los anuncios pagados de los medios de comunicación, también delata, que su prioridad no es la inversión a largo plazo en calidad, sino la captación de clientes nuevos.

Extraído de: http://www.klkcreaciones.com/Ingredientes.htm

Receta de jabón para la limpieza


Este jabón se puede usar una vez solidificado y curado (tampoco aquí es necesario dejarlo 4 semanas, está bien quizá para usarlo a la 3ª).

Lleva un -6% de sobreengrasado (sigo experimentando un poco, otras recetas que he usado han llevado un -4%, -5%...).

Ingredientes
  • 1000 gramos de aceite de oliva usado
  • 396,5 gramos/mLde agua
  • 154 gramos de sosa
  • Unos 10-15 gramos de sal
  • 20- 40 gramos de aceite esencial (opcional)

Notas:
- Está calculado para utilizar aceite USADO, la saponificación del aceite de oliva usado y del aceite de oliva "nuevo" no es exáctamente la misma, varía unos gramos (en este caso casi 10 gramos, que no es poco), por lo que si lo intentáis con otro tipo de aceite no saldrá del todo bien, puede ser que salga algo decente.
- La medida es en GRAMOS. Para el agua no es importante (su densidad es 1, por lo que 1 gramos de agua equivale a 1 ml). No es lo mismo para el aceite! No confundir pues X gramos de aceite con X mL de aceite!
- Puedes pasarte en 2 o 3 gramos las cantidades, pero procura que no sea más.
- La sal sirve para darle dureza a la pastilla y para neutralizarla. Una buena manera de asegurarse que quede bien disuelta (en realidad la mejor), es preparar aparte una dilución de parte del agua que tenemos que echar (como 20-40 mL más o menos, esto lo tienes que restar del agua que hay que añadir a la receta) y añadirle la sal para diluirla bien primero, una vez disuelta se añade cuando el proceso llegue a la traza, removiendo después para que se mezcle bien.
- El agua debe ser destilada (desmineralizada). También puedes usar agua de lluvia o el agua que gotea de un aparato de aire acondicionado. Para un jabón de limpieza no es "demasiado malo" usar agua del grifo.
- Puedes usarlo para limpiar la ropa a mano o a máquina. Partiéndolo en trocitos pequeños y metidos en una bolsita en la lavadora, o deshaciéndolo paciéntemente en agua calentándolo en una olla para hacer un gel. Depende de la lavadora (y el programa que uses), calcula la cantidad a echar, puedes partir de unos 25 gramos y comprobar si necesita más o menos. Si lo has diluido en agua queda menos jabón, así que la cantidad a usar en gel es mayor.
Para manchas más complicadas lo mejor es frotar antes con el mismo jabón. Es muy bueno para blanquear, para eso frota la prenda y déjala un tiempo al sol.

Puedes usar este jabón también para limpiar el suelo, los platos, limpiar la cocina, etc. Para esto ver también la receta de "jabón en gel con aceite de girasol".

Conceptos: Sobreengrasado

El sobreengrasado, como el nombre mismo dice, es la cantidad de grasa en exceso que se le puede poner a un jabón. Se habla de porcentajes que pueden estar por encima (es decir, 3%, 4%..., lo que significa que el jabón tiene aceite libre, sin saponificar), neutro (0%, sin exceso de sosa ni de aceite - en teoría!- ) o por debajo (-3%, -4%..., el jabón tiene exceso de sosa pues).

Esto es importante porque le dará al jabón unas características que lo harán indicado para distintos usos. ¡No es un jabón para todo! Ropa, cuerpo, platos... Incluso para el cuerpo se puede hacer con sobreengrasados distintos dependiendo de lo que buscamos.
Para simplificarlo lo pondré esquemáticamente:
  • Para la limpieza general: No vas a ponerle aceite de sobra al jabón para impregnar la ropa, ¿verdad? En este caso es más indicado un jabón con exceso de sosa para asegurar que no queda aceite libre en el jabón. Incluso con un sobreengrasado neutro podría quedar aceite libre, esto ocurre porque siempre hay cierta cantidad (dependiendo del tipo de aceite) que no saponifica, son los "insaponificables" de los aceites. Por lo que es más recomendable entre, digamos, un -5% a un -10% de sobreengrasado, para asegurarnos. Esto no se sabe a ciencia cierta (tampoco somos científicxs ni tenemos un laboratorio donde experimentar) si es preferible un porcentaje u otro, debemos pues ir probando lo que mejor nos funcione. Otro aspecto a tener en cuenta, es que a menor sobreengrasado (o sea, negativo), menos suavidad deja para la ropa, por lo que hay que darle la medida justa, ¡tampoco es plan de excedernos con la sosa si es la suficiente para limpiar bien!
  • Para el cuerpo: por norma general se suele usar un 8% de sobreengrasado. Así quedará aceite libre para no deshidratar la piel y estamos seguros de que no queda sosa, la cual en altas cantidades lógicamente, no es buena para el cuerpo. Siempre quedará también algo de sosa (lejía) en el jabón pues es inherente al proceso de saponificación, hay que aclarar.
En casos por ejemplo, de una piel más sensible y/o con mayor necesidad de hidratación, se puede subir el sobreengrasado; y viceversa, para una piel grasa se puede/debe disminuir. Esto habría que matizarlo pues puede ser un jabón con el mismo sobreengrasado y ser indicado para distintos tipos de pieles al ponerle distintos tipos de aceites, pues cada uno le aportan sus propiedades (por ejemplo, el aceite de aguacate aporta grasitud y el de coco la elimina).
  • Para el cabello: aquí lo mejor es algo neutro (0%) pues no queremos engrasarlo con exceso de aceite ni dañarlo con la sosa. Se puede usar también un sobreengrasado positivo, entre un 1 y un 3 %. Esto depende mucho del tipo de cabello, la frecuencia de lavado, los aceites usados...

Nota: La receta más conocida (6 litros de agua, 6 litros de aceite de oliva y 1 kilo de sosa) tiene un sobreengrasado de más o menos un -15% (tiene bastante exceso de sosa), por lo que mejor no usarlo para el cuerpo o el cabello, como acabo de comentar!

¿Cómo hacer jabón? - 2ª Parte: Pasos

El método más sencillo es el proceso en frío. Se denomina así a la elaboración de jabón sin fuente calorífica externa. Se parte de unas grasas a una temperatura baja y éstas, debido a la reacción de la saponificación, experimentan un aumento de temperatura que puede llevar al jabón a la fase de gelificación. Antes que nada debemos dar un repaso a las medidas de seguridad.

Lo primero que tenemos que preparar es la lejía. Esta se obtiene mediante la mezcla de agua y sosa. Pesamos cuidadosamente la sosa en un recipiente y el agua en otro y añadimos el primero poco a poco sobre el segundo, removiendo lentamente con cuidado de no salpicar.

El agua alcanzará gran temperatura en cuestión de segundos. Es por esto importante que la temperatura de partida del agua sea baja ya que si está caliente puede llegar a hervir y salpicar la lejía. Incluso, si queremos que no suba mucho la temperatura, podemos congelar en cubitos previamente el agua. Una vez mezclados, la lejía tiene un aspecto blanquecino un poco turbio. La dejamos reposar hasta que se vuelva totalmente transparente.
Es conveniente dejarlo reposar unos 10 minutos antes de seguir. Mientras, se pesa el aceite.
(Nota: si vas a removerlo a mano, quizá es más conveniente añadir el aceite sin esperar más que quizá un par de minutos, pues los jabones de oliva tardan bastante en saponificar, y cuanto más fría esté la lejía, más tarda en hacerlo).
Se puede verter el aceite sobre la lejía o la lejía sobre el aceite. Se empieza a verter al tiempo que empezamos a remover, sin parar y siempre en la misma dirección, si no puede cortarse y fastidiarse (*Nota abajo). Batimos hasta que queden todos los ingredientes bien emulsionados, en varias ocasiones hasta que alcancemos el punto de traza. Es conveniente echar la sal a mitad o principios del proceso para que pueda disolverse. Otros ingredientes como la arcilla o los aceites esenciales se añaden en el punto de traza, esto es, cuando al caer unas gotas encima del resto de la masa, queda su forma encima, como una natilla.
Una vez que todo esté bien mezclado y la masa resulte completamente homogénea la vertemos en los moldes. Aislamos el molde tapándolo con mantas o toallas (esto no es necesario si se ha hecho poca cantidad o en moldes pequeños).
En las 24 a 48 horas siguientes el jabón solidificará. Una vez que estemos seguros de que no se deforma al tocarlo procedemos a su desmoldado y, si es el caso, su corte.
Ya solo hay que dejarlo curar de 4 a 6 semanas. En el caso del jabón para la limpieza puede usarse a la tercera semana más o menos.
Algunas anotaciones: la sosa la venden en droguerías y en algunos chinos, tiene que ser de 99% pureza (o 95% también). El agua preferentemente destilada, para que no precipite el magnesio, cloro o calcio y se formen otros compuestos.

1ª Parte¿Cómo hacer jabón? - Precauciones

Muy importante
Lo más importante a tener en cuenta es la peligrosidad de la sosa. Es peligrosa y hay que mantenerla fuera del alcance de los niños y de los animales. Cuando se mezclan con el agua se produce la lejía que al contacto con la piel puede producir quemaduras químicas importantes y en los ojos ya ni te cuento. Siguiendo las simples indicaciones que vienen a continuación el riesgo es mínimo.
El cálculo correcto de la lejía necesaria para saponificar las grasas también es un factor importante ya que un exceso de lejía supondría un residuo cáustico en el jabón resultante.
Esto es importante ya que muchas recetas que circulan no toman en cuenta el posterior uso del jabón. No es lo mismo un jabón pensado para lavar la ropa, que para limpiar la piel o el cabello. Lógicamente hay que tener cuidado sobre todo con el uso sobre los segundos. Un jabón con exceso de sosa puede dañarlos, cuando un jabón bien preparado debe ser bueno y específico para cada uso. (Aclararé más adelante sobre esto).
Debemos protegernos mientras manipulamos los álcalis con unas gafas para evitar salpicaduras en los ojos y con unos guantes para evitar el contacto con las manos. Es conveniente (si quieres) proteger la ropa con un delantal ya que las salpicaduras de la lejía cáustica la estropea. Es muy recomendable mezclar el agua con el álcali en un lugar al aire libre o en su defecto bajo una campana extractora. Una mascarilla también impedirá que respiremos los gases que emana el calor de la reacción.

En general si además llevamos ropas con mangas largas, pantalones largos y calzado cerrado limitaremos mucho la posibilidad de contacto de la lejía con la piel. Lo más peligroso de todo este asunto es cuando batimos la masa con la batidora. Es en ese momento cuando más fácil es que se produzcan salpicaduras y por eso ahí debemos extremar la precaución. Manteniendo bien sumergida la batidora antes de pulsar el botón reducimos el riesgo.

En caso de contacto con la lejía o con la masa del jabón sin saponificar hay que lavar con abundante agua varias veces. En caso de contacto con los ojos hay que lavar abundantemente durante unos minutos y acudir inmediatamente al médico. Es bueno mantener una botella de vinagre cerca pues éste neutraliza la reacción echando un chorro en la parte de la piel que entró en contacto (en los ojos no lo tengo tan claro…).

Todas estas advertencias son para mostrar el peligro real que entraña la lejía cáustica pero con un uso racional, cuidadoso y ordenado no tiene porqué entrañar verdadero riesgo.

Otro factor a tener en cuenta son los aceites esenciales. Algunos de ellos son bastante corrosivos. No tan peligrosos como los álcalis pero si lo suficiente como para tener que evitar el contacto directo con la piel y si se produjese ese contacto hay que lavar también abundantemente. Otro peligro que entrañan es el derrame. Ahí más que nada es el residuo oloroso que en algunos casos puede durar muchos días y, aun siendo de un buen olor, ser bastante desagradable.
Por otro lado, aún al haber terminado el jabón, cuando ya ha saponificado, no hay peligro pero agrede a la piel con el contacto. Sólo cuando ha pasado entre 4 y 6 semanas después de terminado puedes estar segur@ de que el jabón es inocuo, otra forma de comprobarlo es tocar con la punta de la lengua la superficie del jabón. Si deja picor es que no está listo para usarse (para la piel, claro).

¿Porqué realizar el jabón unx mismx?

Aquí quiero exponer mis razones para fabricar en casa nuestro propio jabón para la limpieza general (ropa, suelo, vajilla...). Más adelante comentaré acerca del jabón para la higiene propia.

  • Más ecológico que los productos ecológicos: reciclas el aceite usado y los botes o botellas. Los productos que se venden como ecológicos necesitan de un laboratorio o fábrica, de transporte, de plástico, etc., y utilizan más productos químicos que un jabón casero.
  • También es más ecológico su desecho: en el caso del jabón para la ropa queda sosa, la cual es biodegradable. El jabón corporal tiene aceite libre, que queda emulsionado por el propio jabón en el agua.
  • Haces la cantidad que quieras.
  • Te sale mucho más barato: prácticamente sólo pagas la sosa cáustica. Para 1 kilo de jabón para la ropa gastas unos 20 céntimos (gasto aparte de otros ingredientes que le quieras echar).
  • Conoces cómo se hace y lo que lleva, y le puedes añadir lo que te plazca!
  • No colaboras con empresas como las grandes Procter&Gamble o Unilever, conocidas por tener laboratorios de experimentación en animales y presionar a los gobiernos para seguir en su línea.
  • Sin preocupaciones por que pueda contener ingredientes animales.

Introducción química al jabón

Hacer jabón es hacer una reacción química que se llama "reacción de saponificación". Esto es lo que ocurre cuando al aceite de oliva le añado una solución acuosa de sosa cáustica (hidróxido sódico). En la figura se esquematiza esta reacción.

El aceite de oliva, como todos los aceites y en general la mayoría de las grasas, está constituido por unas sustancias llamadas triglicéridos. Un triglicérido es como un "minipuzzle" formado por una unidad de glicerina sobre la que hay enlazados tres ácidos grasos. Los ácidos grasos son como largas cadenas formadas por carbono e hidrógeno que tienen la propiedad de disolver otras grasas, pero no disolverse en agua. Por eso, el aceite no se puede mezclar con el agua.

La sosa cáustica está formada por dos piezas, el sodio y el hidróxido. La sosa cáustica se disuelve muy bien en agua, tanto es así que lo hace produciendo mucho calor. Cuando al aceite le echamos esta sosa cáustica se produce un "intercambio de piezas" entre el aceite y la sosa. El puzzle del aceite se rompe: la glicerina se libera uniéndose al hidróxido y los ácidos grasos constituyentes del aceite se quedan con el sodio. Estos ácidos grasos unidos al sodio son las moléculas de jabón.

Estas moléculas de jabón heredan de los ácidos grasos la propiedad de disolverse y disolver la grasa y de la sosa cáustica heredan la propiedad de disolverse en agua. Esto hace que cuando el jabón se pone en contacto con una suciedad formada por grasa, la parte del jabón constituida por los ácidos grasos "atrapa" la suciedad y la parte sódica la arrastra para disolverla en el agua empleada para lavar. Es decir, las grasas de la suciedad, que en principio no se pueden mezclar con agua, el jabón hace que sí se disuelvan en agua. Esta es la razón por la que el jabón lava.

Ventajas del jabón de aceite de oliva.

La gran ventaja del jabón de aceite de oliva es que es un jabón formado por vitamina F. Por ello es bueno para la piel, y si está bien elaborado -no le sobra sosa y no se le han añadido aditivos perjudiciales- y además se ha hecho en frío y con aceite sin usar, tiene propiedades curativas contra eczemas, irritaciones, pequeñas heridas, etcétera.

Desventajas del jabón de aceite de oliva.

Al igual que el resto de jabones, el agua dura hace que lave mal.

Otro inconveniente del jabón es que no tiene pH neutro y para personas especialmente sensibles puede provocar irritaciones cutáneas (a pesar incluso de ser bueno para la piel).

domingo, 16 de mayo de 2010

¡No más plástico!

Algunes ya lo venían diciendo hace muchos años atrás, ahora está entrando en boga y por fin mucha gente se está concienciando de los perjuicios del uso del plástico.
Aunque no sólo de bolsas vive la mujer ni el hombre, si no que el plástico, como un fantasma que pasa desapercibido, también está presente en envases que usamos a diario y que llena bolsas y bolsas de basura.

Por eso aquí quiero enfatizar el uso de plástico de envases que fácilmente podemos reutilizar.
¿Sabías que existe una isla de basura plástica flotando en el mar, del tamaño de Francia?

http://www.ecologismo.com/2009/07/29/isla-de-basura-en-el-mar/

¡Y es sólo una porción del plástico-basura que usamos! Muchos desechos quedan esparcidos en el campo, en bosques, selvas, mares... afectando a los animales y a la vegetación, tanto como a los suelos, el aire...

¡Reciclad, malditos!

Por mi parte y en lo que respecta a este blog y a los productos que hago, procuro reutilizar envases y envoltorios.

Así que aquí más que en ningún sitio va mi queja a la gente del "gremio jabonero":
¡No más plástico para envolver! ¡Usad la imaginación y el ingenio de esos jabones para un envoltorio/adorno comprometido!

http://www.cedepesca.net/Userfiles/image/oceano%20pacifico_comp.jpg
http://javem.files.wordpress.com/2009/05/basura2.jpg?w=450&h=300

Presentación

Mi nombre es Begoña, tengo 26 años y vivo en Sevilla.
Hace más o menos dos años empecé a investigar acerca de cómo poder usar productos comunes que usamos diariamente, como es el jabón para la ducha, el champú, el lavaplatos, fregasuelos, detergente para la ropa, etc. que sean más sanos para nosotres mismes y para el medio y todo lo que ello implica, que tampoco estuviera relacionado con laboratorios de experimentación en animales y hecho con productos naturales. Si a esto le sumamos que también es una preocupación para mi otros aspectos que no saltan tanto a la vista, como el despilfarro en el uso de envases, la contaminación de los transportes del lugar de las materias primas al lugar de fabricación, y de ahí a la tienda, tenemos que no es tan sencillo llamar a un producto "ecológico".

Algunes habrán oído acerca de los componentes químicos con los que se fabrican: parabenos (derivados del petróleo...en la piel!), colorantes artificiales (tóxicos!), fenoles y feniles, formaldehidos... Ahora es algo que empieza a preocupar y muchxs buscamos productos lo más naturales posibles.
Hay marcas que comercializan productos biodegradables, ecológicos y/o sanos. Muchas pertenecen a compañías capaces de venderle hielo a un esquimal, con campañas de publicidad agresivas, ocultando trucos sucios... Su pasión por volverse ecologistas no viene de una preocupación real en la que se sientan responsables de lo que le hacen al medio. Viene de que se está abriendo un hueco muy llamativo para las empresas en torno a todo lo que es (o más bien, se vende como) ecológico. No sólo son ellos quienes se engañan a la hora de vender algo como lo que no es, si no que también hay un sector de entre los consumidores deseosos de sentirse un poco menos crueles, sintiendo un efecto de lavado de conciencia al escoger un producto que en la etiqueta dice "biodegradable" o "participamos por un mundo mejor"... Mientras seguimos abocados a lo mismo, sólo que en un bonito color verde, en lugar del gris al que estabamos acostumbrados desde que entramos en la era industrial.

Siguiendo con el principio, otra de mis preocupaciones era poder usar productos libres de ingredientes extraídos de animales a quienes privaron de su libertad (a una vida libre y digna).
Muchos productos, sobre todo de cosmética, contienen grasas animales (aceite de visón, manteca de cerdo...), productos de su trabajo (cera de abejas, seda...) o partes de su cuerpo (cartílago, hormonas, esperma de ballena, colorante rojo "chinchilla"...).

Por lo tanto, y en conclusión, esas son mis metas: productos sin ingredientes artificiales, ni animales, extraídos en la medida de lo posible por mí misma (como las infusiones de hierbas, aloe vera...), sanos para la piel y para el medio.

¡Vuelta a los orígenes!